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Hoja de alérgenos por plato que un agente pueda leer sin errores

· 7 min de lectura

Cómo montar la ficha de alérgenos de tu restaurante por elaboraciones, con fecha y firma de cocina, para que un agente conteste con datos y sepa cuándo callar.


Sábado, 13:40, comedor lleno. Entra un WhatsApp: «Hola, ¿el arroz negro lleva algo de leche? Mi hija es alérgica a la proteína de la leche de vaca». Quien coge el móvil en sala no lo sabe de memoria, va a cocina, interrumpe al jefe de partida y vuelve tres minutos después con un «creo que no». Ese «creo» es el problema. Este artículo es para quien tiene un restaurante, un bar con cocina o un obrador y quiere que un agente conteste preguntas sobre alérgenos sin inventarse nada. Al terminar sabrás cómo montar la hoja de alérgenos por plato para que esa respuesta salga de un dato y no de la memoria de nadie.

Lo que ya te pide la ley (y lo que no te dice)

En España, si sirves comida sin envasar tienes que poder informar de los 14 alérgenos de declaración obligatoria del Reglamento (UE) 1169/2011, según el Real Decreto 126/2015. La AESAN resume aquí qué alérgenos son y cómo se informa. La lista, por si no la tienes delante: cereales con gluten, crustáceos, huevo, pescado, cacahuete, soja, leche, frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo, sulfitos, altramuces y moluscos.

Casi todos los restaurantes tienen ya algo: una carta con iconitos, un cuadrante plastificado detrás de la barra o un PDF que te hizo la consultora de seguridad alimentaria. Para un cliente que lo lee con calma, sirve. Para un agente que tiene que contestar «¿el arroz negro lleva leche?» en diez segundos, casi nunca, por tres motivos:

  • Los iconos no dicen de dónde viene el alérgeno. El agente ve una gotita de leche en el arroz y no sabe si es la mantequilla del final o el caldo comprado, que es justo lo que pregunta el cliente cuando quiere saber si se puede pedir sin.
  • Mezclan «contiene» con «puede contener». Para alguien con alergia grave, la diferencia lo es todo.
  • No tienen fecha. Nadie sabe si refleja la carta de este mes o la de la primavera pasada.

Una fila por plato no basta: piensa en elaboraciones

El error más común al pasar la hoja a limpio es hacer una fila por plato y marcar casillas. Funciona hasta que cambias la salsa que va en cuatro platos y tienes que acordarte de los cuatro.

La forma que aguanta es separar en dos niveles:

  1. Elaboraciones base: fondos, caldos, salsas, masas, rebozados, aliños, guarniciones. Cada una con sus ingredientes y sus alérgenos.
  2. Platos: cada plato dice qué elaboraciones lleva y qué ingredientes sueltos añade al final.

Los alérgenos del plato se calculan sumando los de sus piezas. Una hoja de cálculo normal lo hace sin problema, y si mañana tu proveedor de alioli cambia la receta, lo corriges en una sola fila y se actualizan todos los platos que lo usan.

Con el arroz negro quedaría algo así:

Plato: Arroz negro
  - Fondo de pescado (casero)   → pescado, crustáceos, apio
  - Sofrito base                → —
  - Tinta de sepia (proveedor X) → moluscos
  - Sepia                       → moluscos
  - Alioli (casero)             → huevo
Contiene: pescado, crustáceos, moluscos, apio, huevo
Puede contener: —
Leche: NO
Se puede pedir sin: alioli (quita huevo)
Revisado: 02/10, Marta (cocina)

Ahora el agente puede responder con precisión: «El arroz negro no lleva leche. Sí lleva pescado, marisco, moluscos, apio y huevo (este último en el alioli, que podemos servir aparte)». Y lo puede hacer porque hay una persona con nombre que lo ha revisado en una fecha concreta.

Las columnas que marcan la diferencia

Además de los 14 alérgenos, añade a cada plato estas columnas. Son las que convierten una tabla de cumplimiento en algo con lo que un agente puede trabajar:

  • Contiene / Puede contener / No contiene. Tres valores, nunca una casilla vacía. Vacío significa «nadie lo ha mirado», y el agente debe tratarlo como tal.
  • Origen del alérgeno. En qué elaboración o ingrediente está. Es lo que permite contestar «¿y sin la salsa?».
  • Se puede adaptar. Qué se puede quitar o cambiar de verdad en servicio, decidido por cocina. Si no se puede, dilo: «la masa lleva huevo, no hay versión sin».
  • Riesgo de contacto cruzado. Freidora compartida, plancha común, harina en el aire del obrador. Esto no sale en la receta y es lo que más preocupa a un celíaco.
  • Producto de proveedor. Marca y referencia de todo lo que no haces tú. Si cambias de proveedor, esa fila se marca para revisar.
  • Revisado por y fecha. Una persona de cocina, no de sala ni de oficina.

Con eso, una regla tan simple como «si la fila tiene más de 60 días o alguna casilla vacía, el agente no contesta y pasa la pregunta al encargado» ya te protege de la mayoría de sustos.

Qué contesta el agente y qué no contesta nunca

Una hoja buena no convierte al agente en un experto en alergias. Lo convierte en alguien que lee bien una ficha y sabe cuándo callarse. Déjale por escrito estos límites:

  • Contesta qué alérgenos lleva un plato, de dónde viene cada uno y qué adaptaciones están aprobadas.
  • Contesta «no lo sabemos con seguridad, te lo confirma una persona» cuando el dato falta o está caducado.
  • Nunca dice «es apto para ti» ni «puedes comerlo tranquilo». Informa; la decisión es del cliente.
  • Nunca improvisa una sustitución que no esté en la hoja, aunque parezca obvia.
  • Siempre añade el aviso de contacto cruzado cuando la fila lo indica, aunque el cliente no lo haya preguntado.
  • Siempre pasa a una persona las alergias graves o múltiples («anafilaxia», «alergia a todo lo que sea fruto seco y legumbre») y las reservas de grupos con varias alergias, para que cocina lo vea antes del servicio.

Fíjate en que la mitad de las reglas son para no contestar. Es a propósito.

Mantenerla viva sin que sea un trabajo más

El mejor momento para montar la hoja es cuando cambias de carta, porque ya estás revisando recetas. Después, tres costumbres bastan:

  1. Cada albarán con producto nuevo o cambio de marca, revisión de esa fila. Es el origen más típico de errores: el pan rallado de siempre se agota y llega otro que lleva sésamo.
  2. Cada plato fuera de carta entra en la hoja antes de ofrecerse, aunque sea solo para el fin de semana. Si no está en la hoja, el agente dice que no lo sabe.
  3. Una revisión rápida al mes: quince minutos, la jefa de cocina y la lista de filas que el sistema marca como caducadas.

Si quieres, el propio agente puede ayudarte con esto: avisar de qué filas caducan esta semana o qué platos tuvieron más preguntas de alérgenos para revisarlos primero. Pero la firma es siempre de cocina.

Cuándo es mejor no dejar que lo conteste un agente

Siendo honestos, no a todo el mundo le compensa:

  • Si tu carta cambia cada día (menú del día de mercado, platos de temporada que rotan), mantener la hoja al ritmo que exige un agente es más trabajo que contestar a mano. Ahí el agente debería limitarse a tomar nota de la alergia en la reserva y avisar a cocina.
  • Si en tu cocina el contacto cruzado es la norma (una sola freidora, una sola plancha, poco espacio), lo honesto es que el agente diga desde el principio que no puedes garantizar la ausencia de trazas, y que la conversación siga con una persona.
  • Si nadie de cocina va a firmar la hoja, no la conectes. Una ficha que parece oficial pero que nadie ha revisado es más peligrosa que no tener ficha.

Lo bueno es que el trabajo de ordenar la hoja te sirve igual aunque no automatices nada: tu equipo de sala contesta mejor desde el primer día.

Por dónde empezar

Elige los diez platos que más se piden y pásalos al formato de elaboraciones esta semana, con la jefa de cocina. Cuando esos diez estén firmados, ya tienes base para que un agente conteste la mayoría de preguntas de alérgenos que llegan por WhatsApp o por la web.

Contestar con datos, avisar a cocina de las reservas con alergias y pasarte lo dudoso es parte del trabajo de una recepcionista de IA. Tú decides qué se puede adaptar; ella se encarga de que el cliente reciba la respuesta correcta a las 13:40 de un sábado.