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Cierre de año en una pyme: qué repartir antes del puente
· 6 min de lectura
Cobros, facturas que faltan, vacaciones, turnos de Navidad y renovaciones: la lista de cierre de año de tu pyme y cómo repartirla antes del puente de diciembre.
Hay una semana del año en la que una pyme decide cómo va a empezar enero, y casi nunca es la última de diciembre. Es la de antes del puente. Este artículo es para quien lleva un negocio pequeño y sabe que diciembre se le va a escapar entre festivos, comidas de empresa y pedidos de última hora: al terminarlo tendrás una lista concreta de tareas administrativas de cierre de año y un criterio para repartirlas (entre tu equipo, tu calendario y, donde tenga sentido, un agente) antes de que la oficina se quede a medio gas.
Por qué el plazo real es el puente, no el 31
Este año el 6 de diciembre cae en domingo y el 8 en martes. Según tu comunidad autónoma, el lunes 7 también puede ser festivo, y si no lo es, medio país se lo cogerá igualmente. Después vienen la Nochebuena en jueves, Navidad en viernes y lo mismo con Nochevieja y Año Nuevo.
Traducido a días útiles: lo que no esté encaminado el viernes 4 de diciembre compite después con semanas cortas, gente de vacaciones y proveedores que contestan "lo vemos a la vuelta". No porque nadie trabaje en diciembre, sino porque cada tarea que depende de otra persona (un cliente que tiene que pagar, un proveedor que te debe una factura, un empleado que tiene que decirte cuándo coge vacaciones) se alarga el doble.
Por eso la idea no es hacerlo todo antes del puente. Es repartirlo antes del puente: que cada tarea tenga dueño y fecha, y que las que dependen de terceros ya estén pedidas.
La lista: lo que conviene dejar repartido
No todo aplica a todos los negocios. Tacha lo que no te toque y quédate con el resto.
Dinero
- Cobros pendientes. Saca la lista de facturas vencidas o que vencen en diciembre y manda el recordatorio ahora, no el 20. En enero el cliente tendrá otras prioridades y tú también.
- Facturas de proveedores que faltan. Ese gasto que pagaste con tarjeta en octubre y del que nunca llegó la factura. Pídelas todas de una vez; tu gestoría te lo agradecerá.
- Última facturación del año. Si facturas trabajos en curso, decide qué se factura en diciembre y qué pasa a enero, y díselo al cliente antes de que le llegue la sorpresa.
- Conciliación del banco. Cuadrar movimientos de noviembre ahora es una tarde. Cuadrar todo el trimestre en enero es una semana.
Equipo
- Vacaciones pendientes. Pregunta a cada persona cuántos días le quedan y cuándo los quiere coger. Si no lo preguntas tú, te enteras el 22 de diciembre.
- Turnos de Navidad. Quién cubre el teléfono, el WhatsApp y el correo cada día que abras. Escrito, no "ya lo hablamos".
- Calendario laboral del año que viene. El Estatuto de los Trabajadores (artículo 34.6) obliga a la empresa a elaborar cada año el calendario laboral y exponerlo en un lugar visible de cada centro de trabajo. Si los festivos locales de tu municipio ya están publicados, prepáralo ya.
Clientes
- Horario de fiestas. Decide qué días cierras o abres con horario reducido y publícalo en un único sitio del que copien todos los demás (web, Google, mensaje automático, cartel).
- Encargos con fecha. Todo lo que un cliente espera recibir "antes de Navidad" o "para Reyes": lista con fecha comprometida y estado. Es lo que más llamadas genera en diciembre.
- Tarifas del año nuevo. Si vas a subir precios en enero, avisar en diciembre es mucho mejor que hacerlo con la primera factura. Lo contamos en cómo avisar a tus clientes de una subida de precios.
Herramientas y papeles
- Renovaciones. Dominio, seguros, licencias, el certificado digital de la empresa. Mira las fechas de caducidad de los próximos tres meses, no solo de diciembre.
- Suscripciones que ya no usas. Muchas se renuevan anualmente en enero. Es el momento de darlas de baja.
- Recuento de existencias. Si tienes stock y tu ejercicio cierra el 31 de diciembre, fija ya el día del recuento y quién lo hace.
Cómo repartirla en una hora
La lista no sirve de nada si se queda en tu cabeza. Lo que funciona en un equipo pequeño es una hoja sencilla con cuatro columnas: tarea, dueño, fecha límite, depende de alguien de fuera (sí/no).
Dedica una hora, esta semana o la que viene, a rellenarla con tu equipo. Tres reglas:
- Una tarea, una persona. "Lo vemos entre todos" significa que no lo hace nadie.
- Primero las que dependen de terceros. Reclamar un cobro o pedir una factura no cuesta nada lanzarlo, pero la respuesta tarda. Lánzalo antes del puente aunque la tarea se cierre en diciembre.
- Fecha límite realista. Si alguien se va de vacaciones el 18, su fecha no puede ser el 20.
Al final de la hora deberías poder contestar sin mirar a nadie: ¿quién está cobrando lo pendiente?, ¿quién cubre el WhatsApp el día 24?, ¿cuándo se hace el recuento?
Qué se puede automatizar y qué no
Buena parte de esta lista es perseguir: recordar, pedir, volver a pedir. Eso es justo lo que un agente hace bien, porque no se cansa y no le da vergüenza insistir.
Tiene sentido automatizar:
- Recordatorios de cobro con un tono amable y escalonado, que se detengan en cuanto el cliente paga o contesta.
- Peticiones de facturas a proveedores a partir de los cargos del banco sin factura asociada.
- Avisos de renovaciones con un mes de margen, a la persona que decide, no a un correo genérico.
- Seguimiento de encargos con fecha: avisar al cliente cuando su pedido está listo o si hay retraso, antes de que llame él.
- Recoger los días de vacaciones de cada persona y ponerlos en un calendario compartido.
Y no tiene sentido (o no conviene) automatizar:
- Decidir qué cliente moroso se llama por teléfono. Un recordatorio automático está bien; una conversación con un cliente de diez años que está pasando un mal momento la tienes tú.
- Fijar precios o condiciones del año nuevo. El agente puede preparar el aviso; la decisión es tuya. Tú apruebas, él ejecuta.
- El recuento físico. Alguien tiene que contar las cajas.
Cuándo no merece la pena montar nada
Un aviso honesto: si una tarea pasa una vez al año y te cuesta veinte minutos, no necesitas una automatización, necesitas un recordatorio en el calendario el 15 de noviembre del año que viene. Montar, probar y mantener un flujo para algo anual sale caro y, cuando por fin vuelve a hacer falta, lo más probable es que algo haya cambiado y no funcione.
La automatización compensa cuando la tarea se repite muchas veces dentro del cierre (veinte facturas pendientes, cuarenta encargos con fecha, quince proveedores) o cuando es la misma persecución que haces todos los meses y en diciembre simplemente se nota más. En ese caso, lo que montes ahora te sirve en enero, en marzo y el diciembre siguiente.
Una forma rápida de decidirlo: mira la hoja que has rellenado y marca las tareas que también hiciste en marzo, en junio o en septiembre. Esas son las candidatas. El resto, a la agenda.
Para empezar el lunes
Si de esta lista solo haces una cosa, que sea la hoja de cuatro columnas antes del viernes 4. Lo demás sale de ahí.
Y si al rellenarla ves que la mitad de las filas son "recordar a alguien que haga algo", eso es lo que hace nuestro agente de operaciones: perseguir cobros, facturas y plazos por ti, con tu visto bueno antes de cada mensaje importante.
