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Concesionarios y flotas: la ITV que nadie tiene apuntada
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Cada vehículo de la flota va por su lado y el que aprueba no es el que conduce. Cómo llevar el calendario de ITV y revisiones sin perseguir a nadie.
Un martes cualquiera te llama el responsable de flota de una empresa de reparto: tiene una furgoneta parada en la puerta de un polígono porque le ha caducado la ITV. No te lo había dicho nadie, tú no lo tenías apuntado, y ahora es urgente. Si llevas un taller o un concesionario que atiende flotas —renting, reparto, comerciales, obra, alquiler—, esto va de por qué se descuadran solas las fechas de veinte vehículos que no son tuyos, y de cómo pasar de perseguir a planificar sin contratar a nadie para llevar el calendario.
Veinte vehículos son veinte relojes distintos
El primer problema no es de organización, es de aritmética. Cada vehículo va por su lado porque la norma los trata distinto según la categoría y la antigüedad. Con el Real Decreto 920/2017 en la mano, y simplificando:
- Un turismo (M1) está exento los cuatro primeros años, pasa la ITV cada dos años entre los cuatro y los diez, y una vez al año a partir de los diez.
- Una furgoneta o comercial ligero (N1, hasta 3.500 kg) pasa la primera a los dos años, sigue bienal hasta los seis, anual entre los seis y los diez, y cada seis meses cuando supera los diez.
Es decir: dos furgonetas compradas con dos años de diferencia pueden acabar en calendarios completamente distintos, y una de ellas dobla las visitas justo cuando el cliente ya la considera amortizada y deja de mirarla. Encima, la ITV es solo uno de los relojes. La revisión de mantenimiento suele ir por kilómetros, no por fecha, y en una flota de reparto los kilómetros no se reparten igual: la que hace ciudad y la que hace ruta acumulan a ritmos que no tienen nada que ver. Añade neumáticos, la renovación del renting, el seguro y, en algunos casos, la calibración del tacógrafo.
Tu cliente no lleva bien esa cuenta. Casi nadie la lleva bien. La hoja de cálculo de la flota la montó alguien que ya no está, tiene la matrícula y poco más, y se actualiza cuando hay un susto. Ese vacío es tuyo si quieres cogerlo: el taller es el único que ve pasar todos los vehículos y sabe en qué estado están.
El cliente no es una persona, son tres
Aquí está la diferencia real con el cliente particular, y es la que rompe los procesos que te funcionan bien en mostrador.
Cuando entra un coche de un particular, la persona que lo trae es la que decide, la que paga y la que recoge. En una flota hay como mínimo tres papeles distintos:
- El responsable de flota decide qué se hace y aprueba el gasto, pero no está delante del vehículo ni sabe qué ruido hace.
- El conductor tiene el vehículo, conoce el ruido y sufre el día que se lo quitas, pero no puede autorizar nada.
- Administración paga la factura semanas después y necesita que la referencia del albarán cuadre con su pedido.
Casi todos los atascos del taller con flotas son en realidad un mensaje que llegó a la persona equivocada. Llamas al responsable para confirmar una cita y no sabe si el conductor puede prescindir del vehículo ese día. Llamas al conductor y te dice que sí, pero no puede aprobar los 340 euros de la correa. El coche se queda en el elevador esperando un visto bueno, ocupando un hueco que tenías vendido.
Haz la cuenta del tiempo que se va en perseguir
No hace falta un estudio, te vale tu propia agenda. Coge una flota de cuarenta vehículos. Entre revisiones, ITV y averías, cada uno pasa por tu taller dos o tres veces al año: unas cien visitas. Y cada visita normal se lleva una llamada para proponer fecha, otra para confirmarla, un aviso al conductor y —una de cada tres veces— una reprogramación porque ese día el vehículo hacía falta. Son veinte o veinticinco minutos de alguien, sin tocar el coche.
Cien visitas por veinte minutos son más de treinta horas al año en una sola flota, hechas a trozos y siempre en el peor momento. Y ese es el caso bueno: no incluye la furgoneta parada en el polígono.
Hay un coste que duele más y no aparece en ninguna hoja: la flota es trabajo previsible y tú lo estás tratando como si fuera urgente. Una ITV se sabe con seis meses de antelación. Una revisión por kilómetros se ve venir mirando el histórico. Ese trabajo podría caer en tus martes flojos, en la semana muerta de agosto o a primera hora, en lugar de aterrizar de golpe un viernes con dos elevadores ocupados.
Qué le pides al agente, en concreto
La pieza que cambia el resultado no es un software de gestión de flotas: es que alguien mire el calendario todos los días y mueva ficha antes de que sea urgente. Eso se le puede encargar a un agente que trabaje sobre lo que ya tienes.
- Una lista viva por matrícula. Categoría, fecha de matriculación, última ITV, kilómetros de la última visita y ritmo aproximado. No hace falta que esté perfecta el primer día: se completa sola cada vez que el vehículo entra al taller.
- Avisos escalonados y a quien toca. A sesenta días, un mensaje al responsable de flota con la lista de lo que vence ese trimestre. A quince, propuesta de fechas concretas. A dos, recordatorio al conductor, que es el que tiene que dejar el vehículo.
- Propón huecos, no preguntes. «¿Cuándo te viene bien?» abre una conversación de cuatro mensajes. «Tengo el martes 6 a las 8:00 o el jueves 8 a las 15:30» se cierra con una palabra, y además te deja llenar los huecos que tú quieres llenar.
- La aprobación del extra, por escrito y en caliente. Cuando aparece trabajo no previsto, el agente manda al responsable de flota la foto, el concepto y el precio mientras el coche sigue en el elevador, y espera un sí o un no. Un «adelante» por WhatsApp con hora y matrícula vale mucho más que un acuerdo verbal que nadie recuerda en octubre.
- Cerrar el círculo. Vehículo entregado, parte al responsable, referencia para administración y la siguiente fecha ya calculada y metida en el calendario. Si el ciclo no se cierra solo, en tres meses vuelves a la hoja desactualizada.
Tú apruebas lo que se hace y lo que se cobra. El agente se encarga de que nadie tenga que acordarse.
Cuándo esto no compensa
Tres avisos honestos.
Si atiendes una sola flota de seis vehículos y el responsable es alguien que te llama por su nombre, no montes nada: una agenda compartida y un recordatorio al mes te sobran. Esto empieza a tener sentido a partir de dos o tres flotas, o de una treintena de vehículos.
Ojo con quién asume la responsabilidad. Pasar la ITV en plazo es obligación del titular del vehículo, no tuya. Un aviso tuyo es un servicio y un argumento comercial estupendo, pero no te conviertas en el responsable de una fecha legal que no controlas: déjalo dicho por escrito cuando acuerdes el servicio con el cliente, en una línea, sin drama.
Y no automatices la captación de citas si tu cuello de botella son los elevadores. Si ya vas lleno, llenar la agenda antes no te da más facturación, te da más clientes esperando y peor cara. Ahí el problema es de capacidad, y esto no lo arregla.
Un apunte de datos: matrículas, kilómetros y nombres de conductores son datos de tu cliente. Acuerda con él qué guardas, dónde y durante cuánto tiempo.
Empieza por la flota que más te duele
No montes el calendario de todos tus clientes a la vez. Coge la flota que más quebraderos te da, saca sus matrículas, calcula los próximos seis meses de ITV y revisiones y manda un solo mensaje al responsable con la lista. Es muy probable que te conteste que no tenía ni idea de la mitad. Ahí ya has demostrado el valor, antes de automatizar nada.
Ese trabajo de fondo —vigilar fechas, proponer huecos, pedir la aprobación al que decide y dejar cada cosa cerrada— es justo lo que hace un agente de operaciones. No sustituye a tu jefe de taller: le quita de encima la parte de ir detrás de la gente.
